Escapada a Londres (Parte II)

En esta segunda parte os voy a contar nuestras impresiones del Museo Británico.

A modo de introducción, os diré que el Museo Británico es considerado uno de los principales museos de antigüedades del mundo y también está entre los más antigüos y más visitados. Fue inagurado el 15 de enero de 1959. Si queréis saber más sobre su historia, os remito, cómo no, a la Wikipedia (no os perdáis la impresionante panorámica de la biblioteca).

El museo cuida muchos detalles: la entrada es gratuita (excepto las exposiciones temporales), se pueden hacer fotografías a cualquier pieza expuesta, el propio edificio del museo es precioso, todo está muy limpio, accesible y visible, hasta se permite tocar algunas piezas a los ciegos. Estos aspectos dejan muy buen sabor de boca al visitar sus entrañas, al dejarse llevar por sus innumerables reliquias.

Pero también hay una cara oscura. Muchas de las piezas que hay entre sus paredes fueron un día robadas de su lugar de origen, perdiendo así parte de su esencia. Posteriormente cayeron en manos del museo, bien por compra o por donaciones. Pese a todo, hoy en día están bien cuidadas y a la vista de cualquiera que se deje caer por ahí. Quizá algunas de estas piezas, de haber quedado en su lugar de origen habrían acabado deteriorándose o perdiéndose en los pasadizos del tiempo. Quién sabe.


La famosísima Piedra de Rosetta, pieza clave en el conocimiento de la cultura egipcia.





¿Quién no ha visto alguna vez el famoso busto de Pericles?



El museo tiene sobre todo arte griega, egipcia, romana y asiria.










La espada de Tiberio (bueno, lo que queda de ella)






Si os quedáis con ganas de ver más fotos del museo, echad un vistazo en la Wikimedia Commons.

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