Ruta por el románico segoviano

Febrero 26, 2008

El maestro cantero se dirige con su caballo a la posada más próxima tras una dura jornada por los caminos castellanos. Allí espera saciar su sed y con un poco de suerte tal vez conseguir algo de trabajo. Los lugareños le han comunicado que se han iniciado las obras de un nuevo templo religioso en las proximidades. Está ansioso por tallar de nuevo la piedra, por utilizar sus viejas herramientas que heredó de su padre y por dejar su marca en la piedra tallada tal y como marca la tradición. Hablará con el maestro arquitecto y le ofrecerá sus servicios a cambio de un lugar cálido donde dormir, pitanza diaria y si se tercia un pequeño jornal que le permita cambiar sus viejos zapatos.

Después de dar buena cuenta a una rica cerveza fría monta de nuevo su caballo y recorre la zona en busca del lugar donde se realiza tan magnífica obra. Pronto la descubre. Se oye un gran bullicio. Los albañiles están trasladando grandes bloques de piedra para que los canteros los transformen en sillares, los carpinteros trabajan con ahínco dando los últimos retoques a los andamios, el maestro arquitecto está dando instrucciones a un grupo de hombres sin oficio que han llegado desde varios puntos de la comarca y que han venido para trabajar en la obra gratuitamente y así redimir sus pecados.

Nuestro hombre es feliz. Sin demora habla con el capataz de la obra. Al cabo de un rato ya está junto con el resto de los profesionales de su gremio. Su trabajo inmediato serán los capiteles que decorarán la galería porticada, las arquivoltas de la puerta principal y sus canecillos más próximos…

Esta historia aquí narrada podría haber ocurrido sin lugar a dudas en alguna de las múltiples construcciones que se realizaron durante los siglos XI al XIII. Esta época fue prolija en la creación de templos, monasterios y hospicios que recorrían los caminos de la España de la reconquista.

El Arte Rómanico (tal y como se conoce este momento de la historia del arte) es de vital importancia en el desarrollo de posteriores tendencias arquitectónicas. Surge en Europa y sobre todo con más fuerza en Francia, Alemania, Italia y España. La mezcla de lo real y lo fantástico le da un sentido mágico a la arquitectura y la iconografía románica. En la Península Ibérica surge con fuerza en la zona astur leonés. Posteriormente se va introduciendo poco a poco por el resto de la zona norte.

Surge con fuerza la planta de cruz latina abandonando poco a poco la basilical más propia de la arquitectura prerrománica y paleocristina. Los muros de las iglesias son más fuertes y casi siempre están reforzados por contrafuertes que los sujetan. La piedra es utilizada habilidosamente por los maestros canteros bien para transformarla en sillares o bien para tallarla con hermosas ornamentaciones religiosas y sacras. Los ábsides o capillas suelen ser semicirculares o poligonales y suelen estar en la parte final de la nave central. El arco más utilizado suele ser el de medio punto (con forma de semicircunferencia). Las columnas coronadas por bellos capiteles son auténticas joyas. Colocadas en las galerías porticadas o en las puertas principales del templo decoran con singular belleza. Las arquivoltas (arcos alrededor de la puerta) y el tímpano (elemento semicircular situado encima de la puerta) suelen estar ricamente decorados, destacando el Cristo Todopoderoso o Pantocrátor como figura más relevante.

Por todo ello lo más recomendable para entender bien esta arquitectura es darse un paseo por las innumerables poblaciones que albergan monumentos románicos. Tal es el caso de la provincia de Segovia y de la propia capital. La zona de la que os voy a hablar y que he visitado junto con mi familia este fin de semana es la de Pedraza y sus alrededores. Muchas de las iglesias que hemos podido contemplar han sido declaradas monumento Histórico Artístico gracias a lo cual se las protege y restaura evitando así los expolios y abandonos que las dejaría en un estado ruinoso. Destacan poblaciones como Sotosalbos con la iglesia de San Miguel Arcángel y su impresionante galería porticada, San Pedro de Gaillos también con su iglesia con galería porticada y las ornamentaciones de los canecillos, la Cuesta y su iglesia de San Cristobal con tu torre y por último y para mí la más entrañable la iglesia de Nuestra Señora de las Vegas en Requijada con sus impresionantes capiteles y coloridas arquivoltas.

Os animo a todos a contemplar en silencio estos retazos de historia observando todos y cada uno de los detalles de tan magnífico trabajo. Es importante que cuidemos nuestro rico Patrimonio.


Las ruinas del Castillo de Trevejo

Noviembre 22, 2007

Extremadura sigue siendo la gran desconocida. El progreso y el desarrollo se hace cada vez más evidente y transforma a velocidades vertiginosas los pueblos y las ciudades extremeñas. Pero todavía quedan pequeñas poblaciones donde podemos sentir que el tiempo no ha cambiado nada. Son retazos de nuestra historia. Pasear por sus calles, contemplar su patrimonio o hablar con sus gentes nos produce a algunas personas un placer inconmensurable.

La zona norte extremeña y concretamente la Sierra de Gata es un claro ejemplo de homogeneidad histórica, cultural y artística. En muchas localidades se conservan auténticas joyas arquitectónicas que nos invitan a descubrir su pasado y su historia. Un claro ejemplo de lo expuesto es la pequeña pedanía de Trevejo, cercana al municipio de Villamiel. Esta diminuta localidad declarada de interés turístico apenas cuenta con poco más de 20 habitantes distribuidos por las cuatro casitas en piedra que posee dándole una apariencia de pueblo medieval. En el caserío se puede apreciar la forma característica de construcción serrana destacando los balcones de madera y el uso frecuente de granito, pizarra y barro.

A escasos metros del pueblo nos encontramos con los restos del castillo. Contemplarlo desde cualquier punto del valle que lo rodea nos produce una sensación increíblemente gozosa pues se erige de forma arrogante lo poco que de el queda en lo alto del cerro otorgándole una imagen algo melancólica.

Decir que su estado es lamentable es poco, es simplemente ruinoso. Poco o nada queda de la primera fortificación original. Fueron los musulmanes los que en el siglo XII iniciaron la construcción del castillo. Posteriormente y ya en la reconquista se remodeló hasta conferirle una apariencia más similar a lo que hoy conocemos. Por si esto fuera poco también recibió las consecuencias de la guerra de sucesión en la que se instauraron los borbones definitivamente en España y fue parcialmente destruido.

En la actualidad y debido sobre todo a este pasado tan belicoso y también por qué no decirlo al abandono de las autoridades que lo tienen a su cargo queda poco mas que una torre conocida como la torre del homenaje y desde la cual se puede contemplar una de las vistas más bonitas de toda la Sierra de Gata repleta de viñedos, olivos, robledales y tierras de pastos. Los escudos y ornamentación que quedan todavía en pie están totalmente devorados por los hongos y las plantas que trepan a su antojo. Por si esto fuera poco a los pies del castillo nos podemos encontrar grandes piedras con impresionantes inscripciones medievales sin que ninguna autoridad las proteja. No creo que sea demasiado esfuerzo recogerlas y depositarlas en algún lugar próximo al castillo donde puedan ser contempladas por los turistas que en grandes masas vienen a este paraje tan singular pero que se van con la misma sensación con la que yo me fui y no es otra que la de sentirnos tristes pensando que en poco tiempo no quedará absolutamente nada. Los dinteles y arcos se apuntalaron seguramente por seguridad.

A los pies del castillo se encuentra la iglesia de San Juan Bautista algo más moderna fechada en el siglo XVI en mucho mejor estado de conservación. Junto a ella podemos contemplar las famosas tumbas antropomorfas muy características en el periodo prerromano y romano aunque estas y según lo que he podido localizar por Internet seguramente correspondan a la época medieval. Estas pequeñas oquedades excavadas en la roca granítica dan la sensación de ser más pequeñas que en la realidad, pero si observáis la foto se puede comprobar que no es así y que sólo es un efecto óptico pues me metí en una de ellas y me encontraba verdaderamente cómodo (aclaro que mido 1,72 cm).

Es importante que tomemos conciencia del rico patrimonio que tenemos y que su conservación exige un esfuerzo por parte de todos, tanto visitantes cuidando su entorno como de las autoridades locales o comunitarias que tienen a su cargo estos bellos rincones del pasado. Si no es así en poco tiempo irán desapareciendo de nuestro paisaje y quedarán en el olvido.